Psicopíldora #8# “Me da miedo que me juzguen”

Psicopíldora #8# “Me da miedo que me juzguen”
05 Jun 2018

Desde siempre me ha importado mucho la opinión de los demás y, aunque me dé rabia, parece que espere que aprueben lo que decido hacer con mi vida. Por eso me da cosa explicar según qué. Me he dado cuenta de que sólo cuento mis cosas a aquellas personas que sé que les va a parecer bien lo que hago. Pero eso me incomoda, ¿Qué puedo hacer para sentirme a gusto aunque los demás no crean que estoy haciendo lo que toca? Me cansa tener que esconderme. ¡Mil gracias!

 No contarle tu vida a según quién es un buen método para evitar sentirte juzgado, aunque, como ya sabes, no explicar tus decisiones de vida a las personas que crees que van a discrepar no es la solución a lo que te ocurre, tan sólo un pequeño parche para evitar esa desagradable sensación.

Me falta información para responder del todo a tu pregunta:

¿Las personas que te hacen sentir juzgado desacreditan tus decisiones o únicamente te dan su punto de vista?

Si con tan sólo comentarte su opinión y que ésta diverja de la tuya te sientes atacado y cabreado, tenemos que analizar qué te pasa a ti, no a ellos.

Soy fan de la frase “Cada cual es dueño de lo que no dice y esclavo de lo que dice”. Está claro que si aireas tu vida, autorizas al otro a que hable de lo que le cuentas e incluso de que opine al respecto. Además, si te enfadas, el otro aún podrá soltarte un desafortunado “Si no puedo darte ni mi opinión, ¡No me cuentes tu vida!”.

Cuando nos crispan ciertos comentarios u opiniones de otros que aparentemente carecen de mala intención, es porqué somos nosotros mismos los que juzgamos aquello que estamos haciendo.

Te invito a que respondas a estas preguntas:

¿Te das permiso para hacer lo que haces?

¿Qué sientes que se supone que deberías hacer?

¿Qué consideras que hay de malo en tu conducta?

¿Cuál sería tu ideal a seguir?

Seguramente tus respuestas estén cargadas de frases que penalizan aquellas acciones que ahora estás llevando a cabo. Como tú mismo no te has autorizado a actuar de esa manera, buscas en los demás ese consuelo que tú mismo no te estás ofreciendo.

Recuerda, si lo que haces, sientes y piensas no están alineados, ¡Habrá malestar! Por lo que comentas, lo que haces y lo que sientes están en orden pero no encaja con lo que piensas.

¿Puede que lo que estés haciendo te aleje de tu ideal de vida?

¿Quizás estés actuando de forma opuesta a lo que un día tu familia te dijo que era lo correcto?

Estoy segura de que, si tú mismo te dieras permiso a vivir lo que estás viviendo, no necesitarías de la aprobación constante del resto. Por eso, quiero que veas que probablemente, la primera persona que se fustiga a sí misma eres tú. De acuerdo, todos tenemos algún amigo o familiar hiriente e irrespetuoso que se encarga de recordarnos lo mal que estamos haciendo las cosas y el repertorio de consecuencias negativas que hay en nuestros actos. Pero aún así, quien tiene claro clarísimo algo, por más que venga otro y lo desacredite, no logrará tambalearle.

Recuerda, todos somos libres pero sólo algunos pocos se sienten libres. La libertad es una condición humana por excelencia, pero si nuestras teorías sobre la vida o aquellas expectativas que siempre habíamos configurado en nuestras cabezas no encajan con lo que actualmente estamos viviendo, ¡SOS!

Quizás la solución se encuentre en permitirte el lujo de reescribir ese modelo de vida que grabaste en tu cabeza.

Por ejemplo, puede que te dijeran que lo ideal era encontrar pareja estable antes de los 30 y no perder el tiempo con historias que no van a poder ofrecerte una estabilidad a medio-largo plazo. Esa misma teoría la compraste pero justo te encuentras pasada la treintena y sientes que no deseas ese nivel de formalismo que siempre has creído que te encajaría justo cuando tuvieras la edad que tienes ahora. Querido amigo, renovarse o morir, una de dos.

Por este motivo, no es beneficioso para ti que preguntes constantemente a los demás qué les parece lo que estás haciendo ni, mucho menos, que creen que ahora te haría sentir bien. ¿Qué tal si te lo preguntas a ti mismo? Te aseguro que nadie lo sabrá mejor que tú.

¡Espero haberte ayudado!

Y los demás, ¿Qué permisos creéis que deberíais daros que no os estéis dando? ¿Si no sois vosotros mismos quien lo hagáis, quién puede hacerlo?

Si queréis profundizar sobre el tema…

¿Tienes una buena autoestima?

Psicóloga experta en vínculos y relaciones

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