“No debo pero no puedo evitarlo”

“Mi cabeza me dice A pero siento B”

¿Tu cabeza y corazón van en direcciones opuestas? Para poder sentirte en harmonía, ambas partes no deberían estar reñidas: “¡Sé que es bueno para mi y además es lo que quiero!”. Pero puede que siendo bueno para ti no lo quieras o siendo inadecuado lo desees.

En vez de preguntarte qué debes hacer, ¡pregúntate qué no debes hacer en tu intento por resolverlo!

1.    Viajes y escapadas

Cuando tus ideas no comulgan con las de otro, puedes tomar distancia y ser fiel a las tuyas. Pero lamento decirte que eso no es posible cuando el conflicto es contigo mismo. Vayas donde vayas, la escisión permanecerá ahí.

¿Habías pensado en una escapada a un país lejano y exótico para ordenar tus ideas? Te recomiendo que lo emprendas pero más que para poner tus razones y sentimientos en su lugar, que sea para disfrutar de un fantástico viaje. Recuerda, puedes huir de un trabajo, de una ciudad y temporalmente incluso de alguien, pero jamás de ti mismo. Tus vaivenes emocionales los llevarás en tu maleta.

2.    Recordarte lo idiota que eres

“Soy idiota, ¡debería hacer tal y no se me ocurre otra cosa que hacer cual!”

¿Te suenan este tipo de frases fustigadores que te diriges a ti mismo?

Después de este amable trato, ¿te extraña que recibas como un puñal los drásticos consejos cargados de juicio de los que te rodean?

Sentirse contrariado es de las cosas más humanas y cotidianas que hay.

La mala noticia para los que os sintáis en harmonía es que en un momento u otro os invadirá un dilema sentimental y la buena para los que estáis partidos en dos es que lo que sentís, ¡no os durará para siempre!

No es idiota el que duda sino el que no se permite dudar.

3.    Confundir tu dilema con cabezonería

Te propongo un juego. Debes responder rápido y sin pensarlo mucho.

Imagínate que pides ayuda a una pitonisa que a través de una bola de cristal, puede ver el dilema resuelto. ¿Qué te gustaría que se viera en esa bola?

“Ella será la mujer de mi vida, se entregará al 100%, sin miedos ni agobios”.

Si la imagen de futuro implica un cambio en el otro, puede que más que un dilema tengas dificultades para aceptar la realidad. Tu cabeza te dice que no te interesa alguien poco entregado y tu corazón siente tormento al entregarse a alguien así.

¡Buenas noticias! Deja de preocuparte, ya has resuelto tu dilema. Lo que deseas es que el otro haga las cosas diferente. Lo único que te queda es aceptar que las circunstancias y las personas no siempre son como tú quieres que sean.

4.    Permanecer inmóvil

Como no sabes qué camino tomar, no se te ocurre nada mejor que esperar a que te ilumine la inspiración divina el día menos pensado. De mientras, te esfuerzas por hacer el mínimo movimiento posible, ¡no vaya a ser que te equivoques!

Como sabes, los dilemas no se resuelven desde la cabeza sino desde el corazón. Y para lograrlo, una buena manera es movilizar tus afectos a través del ensayo-error.

Las indigestiones emocionales nos hacen actuar de forma irreflexiva, contradiciendo nuestro mandato racional: “¡Horror! Toda la claridad de estos días se ha ido a la porra con lo que acabo de hacer”.

Aquellos movimientos que te parecen retroceder, precisamente te están haciendo avanzar!

Tus “meteduras de pata” te ofrecen una oportunidad para experimentar y dejarte sentir nuevas sensaciones. Ya sean agradables o desagradables, te están permitiendo los únicos verdaderos cambios, los que se generan en tu estómago.

Para profundizar más sobre el tema…

No tengo claros mis sentimientos ¿Es sólo amistad?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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